1978: El año de los tres Papas y el 40 aniversario de la elección de Juan Pablo II

 

Los setenta días que abrieron a una primavera en la Iglesia Católica, contados por el director de L’Osservatore Romano
 
La iglesia celebraba el 40 aniversario de la elección de Juan Pablo II el 16 de octubre y para la ocasión L’Osservatore Romano, el diario del Vaticano, publicó un artículo de su director que recuerda también con datos históricos los setenta días anteriores a la elección del primer papa no italiano desde 1523, el cardenal polaco Karol Wojtyła.
Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II fueron los pontífices que se sucedieron en el solio de Pedro en un mismo año: 1978. Hay que revisar un precedente parecido tres siglos y medio antes con la muerte de Clemente VIII, que murió en 1605, el inicio en esa misma primavera del reino de León XI que duró poquísimo y luego la elección de Paolo V.
Giovanni Maria Vian, director del diario del papa, describe que del 6 agosto al 16 de octubre de 1978 la Iglesia vivió “setenta días” muy especiales y que inauguraron una etapa memorable para el papado a nivel mundial.
Así, recuerda que hace 40 años, en medio de un verano tórrido, muere Pablo VI y se abrió el 6 de agosto de 1978, un periódico que terminó con la “clamorosa elección en conclave”, el 16 de octubre, de papa Juan Pablo II. El arzobispo de Cracovia remplazó al patriarca de Venecia, Albino Lucini, que murió 33 días después de ser elegido pontífice: “E inmediatamente fue “el año de los tres papas”. Expresión acuñada en ambiente periodístico, “la definición fue tan fácil como feliz”.
“Como Pablo VI indicó en su testamento, su funeral es simple. Así, en la tarde del 12 de agosto en la Piazza San Pietro sobre el ataúd de madera, colocado en el suelo, se coloca el libro abierto de los Evangelios y el ligero viento de verano se desplaza por las páginas. Al final del funeral, el cuerpo del Papa se enterró en el sótano de la basílica”, donde se puso sobre la tumba una losa de mármol que indica en latín solo el nombre del pontífice.
 
“Hay muchas crónicas y reconstrucciones periodísticas e históricas de las dos sedes vacantes y de los dos conclaves de 1978, todos, entre otras cosas, no son controlables debido a la falta de documentos y pruebas objetivas, pero a grandes líneas parecen bastante claras. En aquellos días de agosto, el nombre del cardenal Albino Luciani se repite como un papabile en la prensa”, agrega Vian.
Luciani es elegido Papa en un conclave breve que apenas duró 24 horas. “Así, por la tercera vez en menos de un siglo, sucesivamente a la elección en 1903 de Giuseppe Sarto (Pio X) y en 1958 de Angelo Roncalli (Juan XXIII), subió a la cátedra de Pedro un patriarca de Venecia”, comenta el también periodista e historiador.
El papa Juan Pablo I eligió un nombre doble, por primera vez, en honor de sus dos predecesores anteriores. Esto probablemente para superar las contraposiciones que crecían en ambientes católicos y que oponía en sus riñas a las dos figuras papales: Roncalli y Montini. Y que, luego, con la muerte inesperada del nuevo papa parecía ser un signo “nefasto”.
Juan Pablo II toma la palabra
 
Juan Pablo II, en la tarde del 16 de octubre, después de cuarenta años, fue anunciado por el cardenal protodiacono, como el nuevo pontífice y aparece en la logia de San Pedro para la bendición “a la ciudad y al mundo” (urbi et al. orbi).
Sin embargo, afirma Vian “fue bastante inusual que Wojtyla tomara la palabra, ya que su predecesor no lo había logrado la noche del 26 de agosto, luego de que fuera disuadido por aquellos que estaban preocupados por mantener la práctica habitual”.
Las primeras palabras de Juan Pablo II
 
Papa Wojtyła improvisa “con lentitud estudiada y voz profunda las siguientes palabras: ¡Sea alabado Jesucristo! Queridos hermanos y hermanas, todavía estamos tristes por la muerte del amado Papa Juan Pablo I. Y aquí, los eminentes cardenales han llamado a un nuevo obispo de Roma. Lo llamaron desde un país lejano; muy lejos, pero siempre tan cerca de la comunión en la fe y en la tradición cristiana. Yo tenía miedo de recibir esta nomina, pero lo he hecho con espíritu de obediencia a nuestro Señor y en total confianza en su madre, la Santísima Virgen.
 
Además, no sé si podré explicarme bien en su idioma italiano; Si me equivoco, si me equivoco, me corrigen! Y así, me presento a todos ustedes para confesar nuestra fe común, nuestra esperanza, nuestra confianza en la Madre de Cristo y de la Iglesia, y también, y también comenzar de nuevo en ese camino, ese camino de la historia y de la Iglesia. Empezar con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres“.

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