Jornada Infancia Misionera

Ene 21, 2017 | ¿Sabías qué...? | 0 Comentarios

 

La Obra Pontificia de Infancia Misionera lleva más de 170 años dedicada a formar a los niños en la universalidad de la misión y en la necesidad de dar a conocer el amor de Jesús; iniciarles en el desprendimiento y la generosidad;llamar la atención sobre los niños que sufren, el hambre y las deficientes condiciones sanitarias y de salud, las carencias educativas, las situaciones de guerra y conflictos armados, la esclavitud laboral, el abandono social, la explotación sexual y tantas otras lacras que sufren los niños.

Durante todos estos años y sin hacer discriminación de raza, cultura o nación, los niños de la Infancia Misionera han prestado ayuda a millones de niños de todo el mundo para su alimentación, su vestido y salud, para la protección de sus vidas y educación escolar y, sobre todo, para su nacimiento, crecimiento y maduración en la fe y vida cristiana.

Infancia Misionera promueve entre los niños:

La cooperación espiritual mediante el ofrecimiento del testimonio de la propia vida cristiana, la oración y pequeños renuncias por las misiones;

La cooperación material a través de la “ofrenda misionera”, en la que se materializa la ayuda económica que aportan los más pequeños;

Y la cooperación voluntaria en servicios misioneros, colaborando en todas las actividades misioneras que lleva a cabo la Infancia Misionera.

Infancia Misionera es, en definitiva, una Obra del Papa que promueve la ayuda recíproca entre los niños del mundo y forma, dentro de la Iglesia, una red de solidaridad universal cuyos principales protagonistas son los niños que se convierten en pequeños misioneros.

(Todos los materiales de la Jornada se pueden encontrar en www.infanciamisionera.es)
«Sígueme» lema de la Jornada de Infancia Misionera 2017

Sígueme Al contemplar el rostro y sentir la ternura de la mirada de Jesús, los niños escuchan con atención la invitación a ser el mejor de sus amigos. Se trata de que los pequeños oigan esta invitación y respondan con prontitud.

Sígueme Es la tercera etapa del recorrido misionero propuesto para los años 2015-2018. Tras descubrir la Buena Noticia de que todos somos hijos de Dios, con el lema “Yo soy uno de ellos” (2015), se inició a los niños en la necesidad de agradecer todo lo que están recibiendo, con la expresión “Gracias” (2016). En este tercer tramo, Jesús llama a seguirle, a asumir un estilo de vida conforme a su ejemplo. Infancia Misionera se convierte así en una escuela de aprendizaje para los niños.

Cartel Infancia Misionera 2017

Una escaleracon los peldaños que marcan las letras de la palabra “Sígueme”. La subida es laboriosa, como se refleja en el rostro de los niños que están escalando. Para llegar a la meta hay que esforzarse y ascender poco a poco. Aunque ese esfuerzo es individual, el recorrido se hace en compañía de los demás niños del mundo.

Los niños que suben representan a los chicos y chicas de Infancia Misionera, un servicio de la Iglesia que les ayuda a descubrir que ellos pueden ser también misioneros. Con la mochila de sus vidas al hombro dibujan la bella imagen de quienes se han puesto en camino siguiendo a Jesús.

PRESENTACIÓN DE LA JORNADA
Opción por lo pequeño

Anastasio Gil García, Director Nacional de Obras Misionales Pontificias España, presenta la Jornada Infancia Misionera 2017, que este año se celebra el 22 de enero, bajo el lema «Sígueme»

La celebración de la Jornada de Infancia Misionera el cuarto domingo de enero es una invitación a las comunidades eclesiales, donde los niños se están iniciando en el conocimiento de Jesús, la celebración sacramental, el aprendizaje de la vida evangélica, y el compromiso apostólico y misionero. La Jornada de Infancia Misionera 2017, con su lema «Sígueme» incide especialmente en la tercera dimensión, la práctica de la vida cristiana, siguiendo el rastro de Jesús.

El 22 de enero con la Jornada de Infancia Misionera, la Iglesia en España invita a los fieles a volver la mirada en los más pequeños y celebrar con ellos una jornada misionera. Apenas cerrado el tiempo de Navidad, en el que hemos contemplado a Dios hecho niño, se enciende una nueva luz que ilumina la expresión de estos pequeños: ahora es en sus caras donde seguimos contemplando el rostro de Dios.

Los niños, los más vulnerables

Esa contemplación de los niños y de su fragilidad suscita en los mayores una especial cercanía y complicidad. Cualquier noticia que denuncia su sufrimiento y exclusión es causa de dolor y de compromiso por subsanar estas situaciones. Niños abandonados, sometidos a trabajos físicos más allá de sus capacidades y de sus derechos, víctimas de comercio o de la droga…; realidades que parecen no tener remedio, porque la frecuencia y diversidad de estos atropellos se multiplica, a pesar de las denuncias y alarmas sociales.

Tal es la repercusión que esta indefensión tiene en la sociedad que en 1924 se hizo pública la Declaración de los Derechos del Niño de Ginebra, y hace exactamente 70 años nació UNICEF. También en España se ha aprobado una Ley de la Infancia. Pero se vuelve a constatar la fractura entre la legislación y el egoísmo de algunos sectores de la sociedad. Basta asomarse a los medios de comunicación para comprobar que, pese a estas cautelas legislativas y tantas declaraciones de condena, la infancia sigue siendo víctima de la violencia doméstica, el tráfico de órganos, el trabajo inapropiado, el abuso sexual o la eliminación de los concebidos no nacidos.

De nuevo es necesario asomarse al Evangelio y descubrir que, para Jesús, los niños son más que seres dignos de respeto y protección, objeto de atención personal, educativa y social. Hay un plus que brota de la novedad del Evangelio: los niños pasan a ser protagonistas de su propio destino. En la mentalidad judía, pertenecían a la categoría de los “sin dignidad”. Pero Jesús realiza un cambio jerárquico, colocando en el centro del anuncio a las categorías marginadas. Así, el niño aparece en el punto de partida y de llegada del Reino.

Dar y recibir, siguiendo a Jesús

Muy a menudo, este Reino que Jesús describe en las parábolas se compara a algo muy pequeño que llegará a ser muy grande: la semilla de mostaza, el grano de trigo, la pizca de levadura… Jesús mismo quiso vivir la experiencia de la infancia, pasando treinta años en la sencillez y el ocultamiento. Su ejemplo ha sido secundado por la Iglesia. Clara manifestación de esta opción es la Obra que nació en 1843, cuando el obispo de Nancy (Francia), Mons. Forbin-Janson, descubrió en los niños de su diócesis el medio más eficaz para cooperar en la evangelización de los más pequeños. Ahora son más de 130 los países donde los niños, por una parte, reciben de Infancia Misionera las ayudas necesarias para evitar tantas situaciones dramáticas; pero, además, ellos mismos asumen el compromiso de ayudar a otros niños, convirtiéndose, efectivamente, en protagonistas de una bonita historia de solidaridad.

Los frutos no se hacen esperar, porque en el carisma fundacional se contempla el don de la reciprocidad. No hay unos, ricos, que dan y otros, pobres, que reciben. Todos, los de aquí y los de allá, dan de lo que tienen. Y, en muchos casos, más de lo que tienen, porque implican a los mayores en este ejercicio de donación. También reciben, y mucho. Porque el niño de Infancia Misionera recibe ante todo la oportunidad de salir de sí mismo e iniciar el recorrido de la fe, con sus educadores, catequistas y padres.

El itinerario se inicia el primer domingo de Adviento. Ellos tienen la oportunidad de descubrir cómo resuena la voz de Jesús, que cada domingo les dice al oído: “Sígueme”. Esta primera etapa culmina saliendo a las calles como “sembradores de estrellas”. A la vez, van preparando la “hucha del compartir”. Pasada la Navidad, se inicia la recta final, hasta la gran celebración del 22 de enero, cuando los pequeños presentan en la eucaristía las huchas repletas para los niños que más lo necesitan y, a cambio, reciben la mirada de complicidad de Jesús, que les anima a seguir subiendo por la escala del “Sígueme”, como muestra el cartel de la Jornada.

Anastasio Gil
Director de OMP en España

ORACIÓN 

Querido Jesús:

Como a tus amigos Pedro, Santiago, Mateo…,
Tú nos has dicho a cada uno: «Sígueme». Y nos hemos puesto en marcha.
Queremos seguirte aprendiendo a amar como Tú amas, siendo agradecidos, alegres y generosos.
Queremos seguirte conociéndote mejor, escuchando tu Palabra, hablando de Ti a nuestros amigos.
Queremos seguirte rezando por todos los niños del mundo, ayudándolos y dejándonos ayudar por ellos.
Le pedimos a la Virgen, Reina de las Misiones, que nos acompañe en el camino. Amén.

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